18 diciembre 2010

¿A REY MUERTO, REY PUESTO? (Alfonso Torres)


Un refrán, procedente como tantos otros de la Edad Media (o al menos eso creo), dice que “A Rey Muerto, Rey Puesto”, haciendo una clara referencia a la monarquía y a su carácter hereditario, pero yo ahora me pregunto ¿en pleno siglo XXI y con una democracia, debe ser esto así?

Para empezar, dejar claras mis ideas, para que no haya sorpresas. Me considero republicano pero también juancarlista, a pesar de la opinión de uno de mis políticos favoritos, Julio Anguita, de que esto es una soberana tontería. Y mis ideas son estas por dos motivos. Soy republicano porque soy un demócrata acérrimo y radical, ya profundizare en este asunto en otra ocasión. Y soy juancarlista pues creo que todos los españoles debemos estar agradecidos a Juan Carlos I (o Juanca como le decimos cariñosamente en mi casa) ya que en su momento se jugo el pellejo con tal de que en España hubiese una democracia plena y en condiciones. Pues bien, ese agradecimiento se lo mostramos a Juanca y su familia pagándoles la vida que tienen, que por cierto no es nada despreciable.


Pero yo ahora lanzó la siguiente pregunta ¿cuánto tiempo debemos agradecerles a los Borbones lo que Juan Carlos I hizo por nosotros? Pues para aquellos que no lo recuerden, la monarquía es hereditaria y Juanca no es eterno por tanto, tarde o temprano, alguien deberá sustituirlo. Y ese es sin duda su hijo, Felipe VI cuando llegue al trono. Esto puede parecer sencillo, pero no lo es. La muerte de Juan Carlos traerá dos consecuencias, la primera sucesión de un rey en España durante la democracia y la caída de la última figura importante de la Transición. Y esto último es grave. Pues el paso de los años y la falta de personajes que participasen en ese proceso (Carrillo esta mayor, Suárez incapacitado, Sotelo fallecido, González jubilado, Fraga muy mayor) harán que el pueblo deje de creer en la validez de los acuerdos y del consenso de la Transición y es una gran verdad. No podemos cimentar nuestra democracia en la Transición eternamente. Por eso, cuando le llegue la hora a Juan Carlos I, deberá de abrirse un proceso constituyente que culmine en un referéndum donde se elija el modo de organizar el país, es decir, elegir entre Monarquía o República. Si este proceso no se diese, es muy probable que los primeros años del reinado de Felipe VI estén marcados por manifestaciones y protestas y por la gradual radicalización de los sectores comunistas y republicanos de nuestra sociedad, con Izquierda Unida a la cabeza.

Confiemos en que la Democracia vuelva a ganar.

Y es que, por encima de Monarquía o República, siempre debe de estar la Democracia, y sea lo que sea lo que elija el pueblo en ese referéndum, será lo más adecuado para España.

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